Una experiencia de Meditación


Una niña llena de Belleza

Esta entrada es muy especial para mí porque es el testimonio de una alumna de Yoga (no es alumna mía) que ha tenido una vivencia transformadora gracias a la práctica del Yoga, y por supuesto, gracias a su propia valentía y su trabajo personal. Por lo íntimo del escrito la autora ha decidido usar seudónimos, tanto para su nombre como para el de su profesora. El resto de la historia está tal cual la he recibido. Cuando la leí me emocioné, de tristeza por lo ocurrido, pero también de alegría por lo liberado y de admiración por lo valiente. Aquí os la dejo.

Querida Amaya:

No puedo dejar que pase el día sin contarte la experiencia vivida hoy en la meditación.

Ha sido algo sencillo pero muy profundo y sanador.

Al principio, cuando apagaste todas las luces, sentí miedo. Sí, sentí el mismo miedo de mi niñez cuando me acostaban la primera, pues yo dormía con mis hermanas, y me dejaban sola, por que ellas se acostaban mas tarde.

He sentido la misma necesidad de llamar a mi madre:unaniñabelleza

-«Mamá, mamá, mamá tengo miedo»

-Ella venía y me decía ¿de qué te da miedo?

-No sé, de que vengan.

-Pero, ¿quién va a venir?

Y yo me callaba y lloraba. Ella se quedaba hasta que me dormía, pero otras veces se iba diciéndome que ya era mayor.

Hoy yo te miraba a ti, Amaya, y he estado a punto de llamarte y decirte que tenía miedo, que encendieras alguna luz, pero me he aguantado, me daba vergüenza por los demás.

Me he sentado y me he tapado con la manta para sentirme con el manto de la Virgen cubriéndome para protegerme, pero no sentía la protección.

Tú nos has hablado del contacto con la tierra, como nuestro cuerpo es no sólo materia sino ondas unidas a todo (bueno algo así). El caso es que yo he empezado a sentirme una con la tierra y le he pedido su fuerza para desahogar mi rabia, mi enfado. Me he sentido volcán, me he sentido relámpago y trueno, terremoto, fuerte como las grandes olas del mar. Y le he pedido su fuerza para no tener miedo a nada, ni a nadie.

Por eso me he quitado la manta que me cubría y ya no sentía miedo. Incluso estaba tan desahogada y relajada, que me he metido más adentro, más hondo.

No seguía mucho lo que decías, pero has hablado algo de la belleza, de nuestra belleza.

He sentido de nuevo, ganas de taparme, quería ocultar mi belleza para no tener problemas, quería que nadie se fijara en esa niña guapa, rubia de ojos azules, para que no me eligieran a mí.

Y no sé de donde me ha venido la rabia y el coraje de decir ¿por qué me tengo yo que tapar, por qué tengo que esconder como soy, lo que soy? ¿No puedo yo comunicar en este mundo del espíritu y del cuerpo la belleza? ¿Por qué no voy a poder ser luz, verdad, amor, transparencia, blancura, transmitir y dejar que pase esa corriente del espíritu y del universo a otras almas?

Y me he sentido una niña pequeña, pero muy fuerte, diciendo:

NO, NO, NO.

NO QUIERO ENTRAR AHÍ. Y ante ese NO, derrotar a dos hombres, un desconocido y otro, mi propio padre.

Tan derrotado quedó ante mi NO, que nunca jamás le volví a ver en mi vida en ese estado, ni siquiera cuando murió mi madre.

Amaya, esta tarde, en muy poquito tiempo he vivido muchísimo. No sé si podré asimilarlo todo.

He visto a esa niña Gurka, llena de inocencia, de pureza, de candor, de belleza. Y la he visto como otras veces con esos hombres que jugaban con ella y la ultrajaban. Pero está vez, me he visto limpia, como envuelta en una nube blanca que no dejaba que llegara a mí toda la suciedad y podredumbre de aquellos hombres. Al contrario todo se volvía contra ellos. Sus excrementos, sus suciedades, sus bichos, sus culebras, sus babosas, sus rabos de demonios, su ira, sus insultos, sus gritos, su risa, su rabia. . . todo, todo, todo se volvía contra ellos y se resolvían en sus propia mierda.

Y yo estaba allí sin que me afectara nada, bella, limpia, niña, por encima de ellos, con poder para dominar la situación, porque estaba diciendo un NO seguro y fuerte.

No sé como ha pasado ni de donde me ha venido toda esta vivencia. No sé si esto es que ya voy saliendo del túnel, como me decías por el camino. No sé nada. Yo no me hago ilusiones, no pienso que ya estoy bien, ya no confío en nada. Pero por lo menos hoy he disfrutado y mucho, muchísimo, en ese rato tan intenso.

Gracias una y mil veces por haberme dado la oportunidad de llegar hasta ahí en esta clase de yoga.

Un abrazo, muy, muy fuerte

 

Gurka

 

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