PISKA MIRANDO EL SOL


 

Todos los días Piska se levantaba muy contenta para poder ver cómo el sol aparecía y empezaba a caminar cielo arriba. Un día se quedó dormida y se levantó más tarde, cuando el sol había realizado ya su carrera. Pisca se enfadó, frunció el ceño, arrugó la frente, apretó la boca y empezó a mover la nariz de un lado a otro. Cuando Piska se enfadaba siempre apretaba la boca porque le entraban muchas ganas de llorar, pero ella no quería hacerlo porque no le gustaba que nadie supiera lo que pensaba y si lloraba tendría que contestar a muchas preguntas ¿Qué te pasa? ¿Te duele algo? Y muuuuchas más preguntas que a Piska no le gustaba  contestar.

-¿Por qué no le podían dejar en paz? ¡Los adultos siempre quieren saber todo!

Si no lloraba, podía ser que nadie se fijara en que estaba enfadada y así podía quedarse mirando al cielo y ver el sol y las nubes formar dibujos con sus juegos y podía imaginarse historias que a ella le gustaban mucho y, además siempre la dejaban ser la protagonista de esas historias.   Pero ese día se había dormido y todo eso se había perdido.

Ya estaba llamándola su mamá para desayunar, para prepararse para ir a la escuela, para, para, para. ¡Qué enfadada estaba!

-Piska, date prisa que vamos a llegar tarde.

Tarde, tarde, tarde. Ya era muy pero que muy tarde, se había perdido mirar el sol y ya no le importaba nada ¿Para qué voy a ir al cole si estoy enfadada y no voy a tener ganas de hacer nada?

-Piska ¡ya está bien! Ven rápido.

Piska ya no pudo esperar más porque notó que su mamá se estaba enfadando y empezaría a hacer preguntas. Corrió a la cocina paradesayunar. Su papá había hecho tortitas porque sabía que a ella le gustaban mucho pero ese día no le parecieron tan ricas, aunque para que no le hicieran preguntas, dijo que estaban muy ricas. Cuando desayuno se lavó los dientes, se vistió, se colocó la mochila en la espalda, dio un beso a su papá, se fue con su mamá que le dejaba en el cole y luego ella se iba a trabajar.Cuento de Piska en Yoga y Música Parvati de Móstoles

Su papá trabajaba en casa y Piska sabía que le iría a buscar a la salida. Todos los días eran iguales, menos los sábados y los domingos que no había cole. En el camino mamá la decía que se portara bien y que hiciera caso a su papá al salir del cole y al llegar, antes de salir del coche le daba un beso y le decía:

–Luego te veo  a la tarde cundo llegue de trabajar-. Y, terminaba diciendo –No te olvides que te quiero mucho.

Todo eso era estupendo y a Piska le encantaba y entraba al cole tan contenta a juntarse con sus compis y  contarse todo lo que les había pasado desde el día anterior. Ese día era todo diferente, no tenía ganas de contar nada y pensaba que todo iba a salir mal. Lo que Piska no sabía que una duendecita llamada Quisqui que vivía dentro de su oído derecho, que era muy pero que muy pequeñita, le despertaba todos los días para ver el sol. Quisqui no estaba dispuesta a seguir viéndola enfadada, así que decidió hacerle cosquillas en el oído. Piska empezó a rascarse el oído derecho y, antes de que su amiga del alma le llamara, ya se había olvidado de que estaba enfadada.

-¡Hola! Piska.

-¡Hola! Chispi.

-¿Tienes alguna historia que contarme?

Piska contaba todos los días a Chispi las historias que el Sol y las Nubes le habían mostrado pero ese día no tenía historia.

-Pues, pues, hoy nooo

Quisqui que estaba muy atenta y no quería que la niña  se volviera a enfadar le sopló una historia al oído despacito para que se la repitiera a su amiguita.

-Verás, había una duendecita llamada Quisqui que era tan pequeña que vivía dentro del  oído de una niña, entre la cera. Cuando la mamá le limpiaba los oídos con los bastones, tenía que apartarse todo lo que podía sobre la pared del oído para que no la arrastraran con la cera. Pero como eso sólo era uno o dos días a la semana, el resto de los días se dedicaba a bailar y cantar para que la niña estuviera alegre. También la hacía cosquillitas y esa niña siempre estaba contenta.

-Qué bien, ¿Tú conoces a esa niña? Dijo Chispi que siempre se creía todas las historias que le contaba su amiga como si fueran ciertas.

-Si, soy yo.

-¿Túuu? ¿Tú tienes una duendecita en tus oídos?

-Si, en el derecho. ¿Tú no tienes una duendecita en tus oídos? Preguntó Piska de forma natural suponiendo que todas las niñas tenían su propia duendecita.

-No sé. Nunca me he fijado. Contestó Chispi algo confusa.

-Entonces ¿Quién te cuenta las historias? Preguntó Piska sorprendida de que su amiga no tuviera su propia duendecita.

-A mí las historias me las cuentas tú.- Contesto Chispi totalmente convencida.

-¡Haaa! Dijo Piska pensativa.  Entonces, entonces ¿tú no te cuentas historias?

-Yo no.- Contesto Chispi, pensando que su amiga  estaba algo rara ese día.

-¿No tienes fantasía? Pregunto Piska desconcertada de que su amiga no creara historias.

-¿Fantasía? No. ¿Para que la quiero? Tú tienes toda la fantasía del mundo y, me lo cuentas todo. Contestó Chispi contenta.

-Pero la fantasía es mucho mejor cuando te la cuentas tú sola.- Dijo Piska pensativa y añadió.- Si, Si, y para eso tienes que dejar que en tu oído viva una duendecita o un duendecito. Llámalos que están deseando acompañarte.

-Vale, contestó Chispi. ¡Está sonando el timbre!

Piska  y Chispi se fueron a la fila muy contentas porque compartían secretos aunque Piska no entendía por qué le había contado todo aquello si se había dormido y el sol no se lo había podido contar. No volvió a pensar en todo el día sobre todo eso pues tuvo que estudiar, atender a la profesora, jugar y muchas cosas más así que se le paso el día rápidamente. Cuando llegó su papá a recogerla, estaba feliz.

Al día siguiente, bien temprano, Quisqui la hizo cosquillitas en el oído  y la despertó para ver salir al sol y observar su carrera y Piska le encantó volver a crear una nueva historia pero  pensó que si un día no se despertaba, no importaba porque estaba Quisqui su duendecita que vivía en su oído derecho y que le podía contar historias tan bonitas como las del sol y además nunca se acabarían porque Quisqui era su fantasía, su creatividad, su alegría. Cuando llegara al colegio podría compartir con Chispi toda esa fantasía y ella le contaría las suyas porque  estaba segura  que Chispi  había llamado a los duendes y habría encontrado su duendecito o duendecita y podrían contarse muchas historial al llegar al colegio antes de que sonara la campana.

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